
Las hemorroides externas aparecen cuando se acumula presión en las venas que rodean el ano. Esta presión puede deberse a un esfuerzo al defecar, permanecer sentado mucho tiempo, levantar objetos pesados, el embarazo o el estreñimiento crónico. Con el tiempo, esta tensión añadida debilita las paredes de los vasos, haciendo que se hinchen y sobresalgan.
Los factores relacionados con el estilo de vida, como una dieta pobre en fibra o la deshidratación, también pueden dificultar la defecación y aumentar las probabilidades de que se desencadenen brotes de hemorroides. La genética, la edad y la obesidad pueden aumentar aún más el riesgo.
Dado que las hemorroides externas se localizan bajo la piel, cerca del ano, pueden ser bastante perceptibles. Los síntomas más comunes son:
En algunos casos, puede formarse un coágulo de sangre dentro de una hemorroide externa, creando lo que se conoce como hemorroide trombosada, que puede causar un dolor repentino e intenso.
Un proctólogo puede diagnosticar las hemorroides externas mediante un simple examen visual y físico. Aunque pueden ser dolorosas, la mayoría de las hemorroides externas responden bien a los tratamientos conservadores.
Debe consultar a un proctólogo si experimenta dolor intenso, hemorragias recurrentes o si los tratamientos caseros no le ayudan. Es importante descartar otras afecciones que puedan causar síntomas similares, como fisuras o infecciones. Con la atención de un experto, el alivio es posible, y a menudo más rápido de lo que cabría esperar.